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People gather in a circle, partly socially distanced, around an offering in the grass.

Miembros de las familias Maldonado Quinchuquí y Zambrano observan Inti Raymi cerca del Yumpa Pukyu (vertiente sagrada) en Cotama en junio 2020.

Foto cortesía de Patricio Maldonado

  • Comunidades Kichwa Otavaleñas en el Ecuador Luchan con la Pandemia

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    Kichwa shimipi killkashkata kaypi killkakatipay

    Nota editorial: Desde marzo del 2020, Jessie Vallejo, una etnomusicóloga radicada en Los Ángeles, California y Patricio Maldonado, un músico kichwa otavaleño, maestro y líder de su comunidad de Cotama, Ecuador mantienen una crónica de las respuestas a la pandemia de COVID-19 en los pueblos indígenas otavaleños. El relato compilado por Vallejo se basa en entrevistas hechas dentro de la comunidad tanto por teléfono como por correo electrónico durante los eventos y cubre un año de la pandemia, terminando en el marzo de 2021.

    Introducción: COVID-19 llega a Otavalo

    El 27 de febrero de 2020, se confirmó el primer caso de COVID-19 en Guayaquil, Ecuador, ciudad costera a ocho horas en auto del cantón andino de Otavalo. El 13 de marzo, el gobierno ecuatoriano implementó medidas para reducir el contagio del virus incluyendo toques de queda, instrucciones de utilizar máscaras, y restricciones de viaje.

    Alrededor del 25% de los habitantes de la provincia de Imbabura en el norte de Ecuador se identifican como indígenas. Patricio Maldonado, miembro del grupo musical Hatun Kotama, y residente de Cotama aseguró que, por el momento, él y otros miembros de la comunidad estaban bien.

    “Ya teníamos la noticia de la pandemia en otros países”, Patricio escribió. “Pero anticipamos que vendría con mucha fuerza como la lluvia fuerte que viene del Taita Imbabura.” Durante las tormentas torrenciales, se sabe que estas lluvias descienden por la cara suroeste del enorme volcán, empapando Otavalo.

    El 16 de marzo, Ecuador se declaró en estado de emergencia. Todo se cerró con menos de 24 horas de previo aviso. Inicialmente impuesto por 15 días, este cierre duraría dos meses. “Todos estábamos esperando celebrar el equinoccio de primavera de Mushuk Nina [Fuego Nuevo], el año nuevo indígena”, lamentó Patricio. “Y entonces sucedió lo inesperado”.

    People stand in a socially distant line outside a building.
    Varios compradores hacen una larga cola esperando entrar al Mercado Municipal 24 de Mayo en Otavalo el 13 de julio, 2020.
    Foto cortesía de Patricio Maldonado

    “Las medidas de restricción seguro han causado un impacto muy fuerte para todas las comunidades indígenas”, continuó Patricio. “Algunos lugares se encerraron rápidamente y totalmente, sin dar paso a nadie. Las autoridades gubernamentales, militares y policiales, se hicieron cargo de toda la crisis, interviniendo para imponer las restricciones. Esto ocurrió en las ciudades principales, como Quito y Guayaquil; y a menor grado en las ciudades más pequeñas como Otavalo. Se instalaron campamentos militares temporales en lugares como la escuela Valle del Amanecer en Otavalo”. 

    Su presencia ha generado tensión pues en años anteriores, el ejército se ha enfrentado violentamente contra las naciones indígenas de todo el Ecuador. Por ejemplo, durante los levantamientos contra la extracción de petróleo, y aún más después de los recientes levantamientos nacionales de 2019, cuales fueron encabezados por los pueblos originarios, los estudiantes, la clase obrera, y los empleados del tránsito público como respuesta a las propuestas económicas del presidente Moreno. Al igual que en la epidemia de cólera de los años 90, los sentimientos de desconfianza siguen enturbiando las relaciones entre las comunidades indígenas y el gobierno, así como con los ciudadanos mestizos. En 2021, estas tensiones y los casos de brutalidad policial en respuesta a las celebraciones del Inti Raymi aumentaron.

    Los gobiernos a nivel nacional y local anunciaron protocolos para las ciudades y pueblos, pero ofrecieron apoyo mínimo o hasta a veces desentendieron a las comunidades indígenas, como es típico en la región otavaleña. Patricio informó que las comunidades kichwas han tenido que trabajar de forma independiente para garantizar su salud y seguridad colectiva, organizándose por sus prácticas culturales y aplicando la filosofía del buen vivir que es similar a lo que muchos pueblos originarios en las Américas comparten. 

    Muchas comunidades kichwas cerraron las carreteras de acceso a sus comunidades. Entre las comunidades adyacentes de Cotama y La Bolsa sólo quedó abierta una carretera. Residentes de estas comunidades formaron equipos para vigilar las entradas, fumigar los coches y sanear a la gente con desinfectantes. En la comunidad cercana de San Luis de Agualongo en Ilumán, se anunció que sólo se permitiría que los coches salieran y volvieran a la comunidad una vez.

    La gente esperaba con ansiedad el verano. 

    “Vimos como llegaba el día del Mushuk Nina y pasó. Lo mismo el tiempo de Llullu Muru [Semilla Joven/Tierna]”, describió Patricio. “Los eventos deportivos y los espectáculos organizados en las comunidades kichwas durante estas festividades quedaron en nada, ¡e incluso se prohibieron las reuniones necesarias para decidir si iban cancelar! Todo se puso en pausa y la atención ha estado en el número de casos que aumentaba. El coronavirus ya estaba entre nosotros.”

    Comunidades locales se enfrentan a la pandemia

    “Solo esperábamos que para Inti Raymi ya pase todo”, dijo Patricio. 

    El Inti Raymi es el festival grande del sol, también conocido como Hatun-Punlla, y ocurre durante el solsticio vernal en junio. Un hermano menor de Patricio, Juan José Maldonado Quinchuquí, añadió que “El Inti Raymi es la época más esperada del año por todos nosotros, debido a que son los momentos en donde nos reencontramos y convivimos con todas nuestras familias, amigos, vecinos, conocidos, etc.” El Inti Raymi también coincide con la cosecha de los principales cultivos, como el maíz y el frijol.

    Este año sería drásticamente diferente.

    A crowd of people standing shoulder to shoulder outside.
    En la parte de abajo, en el centro, un post de Instagram de @KushiLabs instaba a la gente a quedarse en casa, o wasipi sakiri en kichwa. Las otras obras de arte son de @jasmine_shawnaf en Instagram, que también instó a los que pueden quedarse en casa durante la pandemia.
    Foto cortesía de Jessie Vallejo

    Los primeros casos de COVID-19 en la provincia de Imbabura surgieron entre mediados y finales de marzo. Durante abril, los sectores limítrofes, como Cotacachi, también documentaron casos. Y a finales de mayo, Maldonado reportó, las comunidades kichwas otavaleñas en la región de Otavalo confirmaron sus primeros casos. Patricio explicó, “Y esto produjo más temor entre todos y causó una gran controversia entre toda la gente. Algunos decían que tomando medidas de seguridad, solo entre familia se puede festejar, pero también había quienes decían que es muy peligroso, no se debe festejar este año, para el próximo año festejar con más fuerza”.

    Al mismo tiempo de la pandemia, Ecuador también sufrió una crisis económica. Mario Conejo de Otavalo y Auki Tituaña Males de Cotacachi, ambos primeros alcaldes kichwas de sus ciudades respectivas tuvieron que recurrir a sus contactos personales con médicos cubanos para poder comprar los suministros médicos necesarios. 

    “A través de Otavalo y Ecuador, el impacto de la pérdida de trabajo fue inmediato para muchas personas que viven día a día en la pobreza.”, dijo Patricio. “Muchos salieron en busca de trabajo o para conseguir dinero para comprar víveres, a pesar del peligro. Aun las personas que todavía tenían trabajo, como los trabajadores esenciales en las empresas de flores por acá, sufrieron reducciones de plantilla y de sus remuneraciones”. Esto impacto a todo el pais pues las flores cortadas forman gran parte de los ingresos del Ecuador por el comercio internacional.

    Los recordatorios para la comunidad se emitían desde los camiones de la basura o el reparto de gas, que suelen tocar breves melodías musicales mientras atraviesan la ciudad. Sus parlantes emitían anuncios en que se instaban a la gente a cumplir los protocolos, por ejemplo “quédate en casa y si sales, usa mascarilla”, “cuídate y cuida a la familia” y “lávate las manos”. Los anuncios bilingües en español y kichwa se escuchan en todas las zonas urbanas. En comunidades indígenas como Cotama, los anuncios en kichwa se emitían de las casas de los líderes elegidos. 

    Incluso recientemente, los anuncios de emergencia en Ecuador (por ejemplo, durante la epidemia de cólera de la década de 1990) se han limitado principalmente a columnas de periódicos o a anuncios de televisión y radio en español. Este enfoque monolingüe fallaba a los ciudadanos indígenas que no hablaban español. Hoy en día, las oficinas del gobierno local cuentan con una mayor representación indígena. Esto, y los esfuerzos de las bases, han marcado la diferencia.

    Six graphics from Instagram posts, each depicting a person wearing a face mask.
    En la parte de abajo, en el centro, un post de Instagram de @KushiLabs instaba a la gente a quedarse en casa, o wasipi sakiri en kichwa. Las otras obras de arte son de @jasmine_shawnaf en Instagram, que también instó a los que pueden quedarse en casa durante la pandemia.
    Obras de arte por @jasmine_shawnaf y @KushiLabs

    Emisoras locales como Radio Iluman emiten avisos de salud en kichwa, y estos se han compartido a través de las redes sociales. Patricio y su familia escucharon anuncios como “wasipi sakirichi” (quédate en casa), “ama maymampash riychu” (no salgas [si no es necesario]), “llukshinapacha kashpa llukshinki” (sólo sal si es necesario), y “shimita kilparishpa llukshinki” (usa una máscara para cubrirte la cara cuando salgas]). Las cuentas de las redes sociales dirigidas por artistas kichwas de Ecuador y de la diáspora kichwa también han aportado obras de arte inclusivas y multilingües etiquetadas con #WasipiSakiri. Otros hashtags populares han sido #ZapateamosEnCasa, #IntiRaymiSeQuedaEnCasa y #TeCuidasNosCuidamos.

    En los meses transcurridos entre el 27 de febrero y el 1 de junio de 2020, el número total de casos confirmados en Ecuador se disparó a 39.994, con 3394 muertes en todo el país.

    Preocupaciones por la celebración de Inti Raymi

    “Las fiestas de este año fueron diferentes”, explicó Patricio. “Pero para muchos, no se puede pasar un año sin zapatear y ofrendar a la Pachamama por las bendiciones recibidas este año, al parecer esa fue el sentimiento que dominó a las familiar y personas que tradicionalmente festejan estas fechas”. Incluso en una crisis global, la gente no albergaba rencor. “No hay creencia en la cosmovisión kichwa que la Pachamama castiga a la gente”.

    Pero hubo cambios. Los celebrantes no viajaban fuera de sus comunidades de origen para celebrar. Algunos eventos, como charlas sobre Inti Raymi y talleres de música, se ofrecieron en línea.

    Durante el Inti Raymi, se celebra normalmente con un baño ritual, en la que la gente se sumerge en un manantial. “Antes, se centralizaba en otros lugares, como en la cascada de Peguche para el baño, dejando de lado los lugares sagrados propios. Este año, la gente se reencontró con los lugares sagrados de sus propias comunidades”, Patricio comentó.

    Este fue uno de los pequeños resquicios de esperanza de la pandemia, que hasta julio de 2020, había 255 casos confirmados en el cantón de Otavalo y 65 casos confirmados en el vecino cantón de Cotacachi.

    La familia Maldonado y los flautistas tradicionales de Hatun Kotama realizaron ceremonias de solsticio con amigos cercanos después de determinar que algunas ceremonias tendrían menos probabilidades de provocar la propagación del COVID-19.

    A small group of people gather outdoors around a pond.
    Familiares y amigos de la familia Maldonado y Hatun Kotama se reúnen en Yumpa Pukyu en Cotama en junio 2020.
    Foto cortesía de Patricio Maldonado
    People play flutes and kneel in prayer around an altar.
    Edison Maldonado y Sisa Maldonado tocan la flauta frente a Yumpa Pukyu para la celebración del Inti Raymi de las familias Maldonado y Zambrano en junio 2020.
    Foto cortesía de Patricio Maldonado

    René Zambrano, presidente del Museo Otavalango (un museo viviente), participó en las ceremonias dirigidas por Hatun Kotama y la familia Maldonado en vez de salir a bailar en medio de multitudes. 

    “Me pone triste no poder salir, pero este año toca”, dijo Zambrano en una conversación con Patricio en los fines de julio de 2020. “Mi familia y yo cumplimos el ritual de baño en la vertiente Yumpa Pukyu en Cotama. Y bailamos en la casa de la familia Maldonado y una casa más. Llevamos instrumentos para bendecirlos y también hojas de ortiga para el baño. Después regresamos a casa, y en la noche armamos el castillo como de costumbre. Los hicimos entre todos y con música y bailando fuimos a colocar en el altar de San Pedro [en Museo Otavalango]. Bailamos y tomamos hasta muy de noche. El último día del Inti Raymi vino el grupo de la familia Maldonado a bailar en el museo. Los recibimos con comida, chicha, como de costumbre”.

    Bananas, oranges, a pineapple, and other fruits hang from a wooden from hung from a ceiling.
    Un castillo es un enrejado hecho de caña común al que la gente ata frutas, panes, licor u otras ofrendas espirituales.
    Foto cortesía de Jessie Vallejo

    Una gran mayoría de personas mestizas de Ecuador han desaprobado las celebraciones del Inti Raymi, acudiendo a las redes sociales para calificar a los bailarines con términos despectivos, como “indolentes” y “desmedidos”. Patricio y yo también hemos visto llamamientos a la cancelación indefinida del Inti Raymi, que se hacen eco de lo que ocurrió en la década de 1990 durante la epidemia de cólera.

    “La mayoría de las personas que todavía decidieron bailar en público llevaban mascarillas y se tomaron precauciones adicionales”, señaló Patricio. “Lavaron las manos y limpiaron los platos luego de servir la chicha y la comida”. También mencionó que algunos empezaron un régimen de nueve días de tomar cantidades pequeñas (10-20 mL) de bebidas alcohólicas artesanales de 120 grados por siete días y descansando por dos días, esperando que las bebidas fermentadas ayudarán en prevenir contagiarse con el coronavirus. Además, la gente desarrolló sus propias recetas caseras para curar o prevenir los síntomas del coronavirus. Muchas de ellas incluyen una mezcla de zambo tierno, ajo, limón, eucalipto, jengibre, verbena y otras plantas medicinales locales.

    “La vida en este mundo es impredecible”, escribió Juan José Maldonado Quinchuquí, hermano de Patricio, explicando por qué salió a celebrar. “En cualquier momento podemos dejar de existir. Si tenemos la oportunidad de festejar un año más la celebración más grande de nuestros Pueblos no hay excepción alguna; pero celebramos con todas las medidas posibles, respetando al espíritu controlador de esta enfermedad”.

    Otra persona que decidió bailar en 2020 fue Ali Rumi Quilumbango, sobrino de Patricio y músico que en aquel tiempo tenía 17 años. Me escribió en las redes sociales para explicarme por qué: Salí porque es mi tradición a pesar de que hay una pandemia, aunque en mi familia no quería que salga. El Inti Raymi llega una vez al año. No tuve miedo a contagiarme porque sé que los ayas de San Juan nos iban a proteger. Tomar las precauciones necesarias, como las mascarillas, era lo principal”. Ali y otros de Cotama publicaron en las redes sociales después del 16 de julio que nadie que bailó con ellos se enfermó entre las dos semanas después del Inti Raymi. 

    Video casero compartido en YouTube de un grupo bailando el Inti Raymi en Cotama, junio 2020

    El cercano cantón Cotacachi también es conocido por sus fiestas del Inti Raymi, especialmente las de la comunidad de Calera. Luis Bonilla es el presidente de Calera y decidió no bailar.

    “Primero, por mi compromiso como líder comunal, no puedo decir que no salgan si no lo hago yo primero; y segundo, tengo una responsabilidad con mis hijas y mi familia. No pude arriesgarme”. 

    Bonilla pasó el Inti Raymi de 2020 concentrado en sus tareas de liderazgo. Anuncios en español y en kichwa en Facebook recordaron a la comunidad que el Inti Raymi, una celebración milenaria, nunca moriría, pero que con los riesgos del COVID-19 era más seguro esperar hasta el próximo año. “Este año nadie bailó en la plaza en Cotacachi, pero hubo grupos que bailaron dentro de la comunidad y por la noche. Hay una situación muy triste. Un joven que bailó dio positivo al virus y le contagió a su abuelo, que vivía con él y falleció recientemente”.

    Los festejos del solsticio se hacen en línea

    Este año no todo el mundo lo ha celebrado en persona. Algunos observadores del Inti Raymi pasaron a documentar digitalmente las perspectivas indígenas sobre la historia y el significado de la fiesta. Por ejemplo, el gobierno municipal de Otavalo grabó conferencias y las compartió en las redes sociales. Una de ellas, realizada el 22 de junio de 2020, se titula “Movimiento energético y espiritual en la época del Inti Raymi“.

    Varias organizaciones ofrecieron clases de música en línea para el Inti Raymi, lo que permitió a quienes deseaban quedarse en casa seguir aprendiendo sobre la celebración. Estos talleres tuvieron una buena acogida y fueron dirigidos por conjuntos de Ecuador y de la diáspora otavaleña, entre ellos los grupos Ñanda Mañachi, Yarina, Wiñaypa y Hatun Kotama. En el caso de Hatun Kotama, se inscribieron participantes indígenas y no indígenas de Ecuador y otros países. 

    Los miembros de la familia Arellano, originarios de Cotama pero que ahora viven en el sur de Italia, se unieron a los otavaleños de su círculo más cercano para producir un vídeo musical dedicado a sus familias y amigos en Cotama.

    Reflexiones sobre la superación de la pandemia

    Aunque es difícil mirar hacia atrás al año pasado y a todas las pérdidas sufridas en todo el mundo, ahora muchos se centran en los próximos meses y en el acceso a las vacunas. 

     

    El 8 de marzo de 2021, Ecuador entraba en la tercera ronda de vacunación de la fase 1. Aunque muchos residentes de Cotama cumplen con los criterios para la categoría de “personas mayores restantes” de la fase 1, la mayoría no ha podido programar una cita. La distribución de las vacunas, principalmente Pfizer y Sinovac, en el Ecuador ha sido excepcionalmente lenta y ha estado plagada de problemas. Maldonado y su familia han reportado que están esperando ansiosamente el momento que tendrán acceso a las vacunas.

    El 11 de marzo 2021, Patricio y yo dimos una charla en línea para la Universidad Metodista del Sur. Para entonces, se habían producido 8989 casos confirmados y 271 muertes confirmadas en la provincia de Imbabura; los casos confirmados en los cantones de Otavalo y Cotacachi representaban aproximadamente el 1% de los casos nacionales, correspondiendo al uno por ciento de la población nacional que representa la región. 

    Patricio reflexionó sobre las preocupaciones que compartimos mientras investigábamos el impacto de la epidemia de cólera en los kichwas otavaleños en la década de 1990. Nos sentimos particularmente incómodos al saber que Ecuador no había abordado muchos de los errores identificados en los análisis epidemiológicos, especialmente en lo que respecta a las comunidades indígenas. Teníamos la esperanza de que al compartir estas ideas, podríamos alertar a la gente para que actuara. 

    Patricio enfatizó que no debemos pasar por alto la capacidad de recuperación de comunidades como Cotama, que siempre han encontrado formas de apoyarse mutuamente. Kichwa otavaleños han encabezado levantamientos contra el colonialismo e imperialismo por siglos, y un fuerte sentido de dedicación y responsabilidad a la comunidad, reciprocidad, y un buen vivir para personas, animales, el ambiente, y los cosmos ha sido central a la agencia y activismo del Pueblo Kichwa Otavalo.

    “Para los pueblos indígenas del norte de Ecuador, el Inti-Raymi es algo que siempre tendremos año tras año”, dijo Patricio. “La pandemia de COVID-19 que azotó en 2020 amenazó las festividades que hemos celebrado durante generaciones, pero a pesar de ello, seguimos celebrando el Inti Raymi tomando las precauciones necesarias”.

    “Runas estamos aquí, y seguiremos aquí”, finalizó Patricio.

    A family of nine people sit and pose in front of a home.
    Los miembros de la familia Maldonado Quinchuquí -que han seguido estrictas pautas de enmascaramiento y distanciamiento social- posan en el patio de su casa en Cotama. De izquierda a derecha: Yolanda Maldonado, Sisa Maldonado, Edison Maldonado, Juan José Maldonado, Nina Quilumbango, Segundo Maldonado, Mariano Maldonado, Rosa Quinchuquí y Magdalena Maldonado.
    Foto cortesía de Patricio Maldonado

    Patricio Maldonado Quinchuquí es Kichwa Otavalan y es de Cotama. Patricio es músico (flauta de caña transversa otavaleña y bajo eléctrico), fue miembro fundador del Centro Cultural Hatun Kotama y coprodujo el álbum de Hatun Kotama lanzado en 2013 por Smithsonian Folkways, Así Kotama: Las flautas de Otavalo, Ecuador. Patricio es también miembro fundador y guía del Museo Otavalango, un museo viviente dirigido por una cooperativa de miembros de comunidades kichwas de toda la región. Ha trabajado como profesor de kichwa, intérprete y traductor durante más de una década, y actualmente forma parte del equipo de traducción de la Sociedad Bíblica Unida de Ecuador y de las revisiones de la Biblia Kichwa del Norte. Patricio también trabaja como topógrafo para proyectos de obras públicas en todo Ecuador.

    Jessie M. Vallejo es catedrática de etnomusicología en Cal Poly Pomona y es activa como músico de mariachi. Se identifica como mexicana italiana americana; habla con fluidez el kichwa y es comadre de la familia Maldonado en Cotama. Comenzó a viajar a Cotama y a estudiar con músicos locales en 2010, y ha permanecido en contacto regular desde entonces. Jessie ha regresado al Ecuador y a Cotama aproximadamente una vez al año durante la última década. Patricio Maldonado y los miembros de Hatun Kotama han presentado su música e investigación en colaboración con Jessie en festivales y eventos académicos en los Estados Unidos, Uruguay y Ecuador. Jessie ha actuado con Hatun Kotama al violín; ha traducido e interpretado entre el inglés, el español y el kichwa durante sus eventos en vivo; y ha sido coproductora del álbum de Hatun Kotama de Smithsonian Folkways.

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